martes, 24 de febrero de 2015

BLANCA MARTÍNEZ

Nació en Ambato el 5 de octubre de 1897. Sus padres fueron Luis Alfredo Martínez y Rosario Mera Iturralde.

En sus primeros años creció bajo la mirada tutelar de una madre amorosa y comprensiva. La fatalidad la deja huérfana de madre a los ocho años y de padre a los doce. Sus estudios los realizó en el Colegio de La Providencia.

Vivió en un ambiente ecológico ya desaparecido, pero en el cual es posible que, por las aromadas quintas de Atocha y La Liria, se conserven en el susurro del viento que pasa acariciando las copas de los árboles, los ecos de los cantos de los poetas familiares.

Se inició en la vida pública cuando ocupó la Presidencia de la Cruz Roja en Ambato. Después pasó a desempeñar, con verdadero lucimiento, una cátedra en el Colegio Bolívar, hasta que fue llamada a Quito, para reconocer sus méritos de maestra y ser nombrada Rectora del Instituto Normal “Manuela Cañizares”.

Circunstancias personales la obligaron a cambiar esa rectoría por su antigua materia en el colegio de su ciudad.

Ejerciendo su fecundo apostolado de enseñanza secundaria, la encontró el entonces presidente Velasco Ibarra, la sacó de sus labores docentes para nombrarla Vicecónsul del Ecuador en Boston, Estados Unidos. Después y con el mismo mandatario, fue nombrada Directora Provincial de Educación de Tungurahua.

Sus últimas funciones fueron como Directora de la Casa de Montalvo, y consecuentemente también de la revista que con el mismo nombre se ha venido editando durante muchos años. Entonces realizó una dinámica y asombrosa labor como fiel guardiana de la memoria del gran ambateño, que para ser Cosmopolita,, fue también el “Solitario de Ficoa”.

Doña Blanca Martínez Mera de Tinajero consta en la cronología de las mujeres escritoras del Ecuador como la primera novelista. Escribió y publicó tres novelas: “En la paz del campo”, “Purificación” y “Luz en la noche”, que fueron acogidas con gran entusiasmo por la crítica. Aparte de sus novelas, como escritora son muchos los discursos, conferencias y artículos sueltos, trabajos hechos ya como Directora de Educación o como Directora de la Casa de Montalvo.

Se dijo de doña Blanca: “He aquí una mujer superior, he aquí una alta personalidad, he aquí un valor humano, resultante de la conjunción de dos estirpes espirituales privilegiadas. Además, se explica la gallardía de su intelecto, la rectitud de su carácter, la rebeldía de su espíritu, por la esencia moral que para la dama significa el magisterio de don Juan Montalvo”.


Los restos de Doña Blanca reposan en el Cementerio La Merced de Ambato junto a los restos de su padre y de su hermano, Edmundo. Falleció el 20 de junio de 1976.